Matronas y tú

El blog de la FAME

Cuando la bienvenida se convierte en un adiós

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«El dolor del duelo es tan parte de la vida como lo es la alegría del amor; es, quizás, el precio que pagamos por el amor, el coste del compromiso». Colin Murray Parkes (1986)

42. Duelo

La vida y la muerte son parte de la misma realidad, los extremos de la existencia. Y aunque desde lo racional podemos convivir con estos conceptos, lo cierto es que desde el ámbito emocional es difícil aceptar la pérdida de aquellos a quienes amamos.

La maternidad es un momento pintado de colores pastel, que reflejan plenitud, felicidad, realización, aventura, continuidad. ¿Siempre?

Por desgracia todos conocemos casos en los que no ha sido así. La maternidad y la paternidad pueden estar envueltas en sentimientos de pérdida, de dolor, de fracaso, de rabia, de miedo y de culpa. El viaje que comienza con destino a la felicidad, puede terminar en un lugar totalmente inesperado y para el que no llevamos equipaje.

Perder a un ser que está en formación en nuestro interior tiene siempre efectos sobre la mujer y su pareja. Aunque estos no sean evidentes o ni siquiera suceda a nivel consciente. Las avanzadas técnicas ecográficas nos permiten ver a la criatura desde muy temprano en el embarazo y crear vínculos afectivos que nos unen a una vida que a veces no tiene categoría de «ser humano» en términos médicos. Pero las emociones y los vínculos no dependen tanto de las palabras como de las vivencias. Por ello, la pérdida de una vida aún dentro del útero materno implica un duelo para quienes soñaron en acunarlo en sus brazos. Y es legítimo sentir la pérdida. Por eso hay que ponerle nombre, para hacerla visible ante la sociedad y para que reciba la atención que necesita. Se llama «duelo perinatal» y lo viven miles de personas a nuestro alrededor.

En muchas ocasiones estas pérdidas suceden temprano en el embarazo, otras se producen hacia el final. En ocasiones son pérdidas inesperadas y en otras son decisiones que se han de tomar por problemas médicos que afectan a la salud de la criatura. En todos los casos esta despedida deja una huella en la vivencia de esa mujer y de su pareja. También en la de los otros miembros de la familia: abuelos, hermanos, etc.

A este sufrimiento se le añade la sensación de soledad y la dificultad para expresar lo que sienten al no verse reconocida su pérdida. El silencio y el secretismo que rodea esta pérdida tiene que ver con la intimidad, pero también con los tabúes acerca de la muerte y de la expresión de emociones. Sin embargo, sin reconocimiento no hay duelo. Y sin duelo no hay sanación.

Es importante encontrar el lugar y las personas con quien poder expresarse, reconocer el dolor y los miedos. Ese es el comienzo del camino del duelo que nos puede conducir a rehacer nuestra historia. La matrona es el profesional que está más cerca y el más accesible. Su acompañamiento no termina cuando concluye el embarazo. También está ahí para acompañarnos en este otro recodo del camino. En la consulta, o en el propio hogar, podemos encontrar el entorno seguro y la escucha que necesitamos en estos momentos. También puede orientarnos en cómo transitar este momento de forma que nos ayude a curar las heridas.

El ser humano necesita rituales. Los rituales de despedida son importantes también y pueden ayudar a aceptar lo sucedido y a recomponer el rompecabezas de nuestras vidas. No es un acto que implique olvido, ni que deba ser impuesto ni por uno mismo ni por los demás, implica un acto de profunda aceptación de lo que ha ocurrido, no solo a nivel racional, sino sobre todo a nivel emocional. Es una forma de dar a nuestra criatura una identidad y un lugar en la familia.

Algunas ideas de rituales de despedida podrían ser:

  1. Escribirle una carta al bebé.
  2. Escribir un mensaje para ese bebé o un deseo para el padre o la madre.
  3. Atar esa carta o ese mensaje a una cinta unida a un globo con helio y dejarlo subir al cielo desde un lugar especial.
  4. Hacer una cajita de recuerdos donde poner las ecografías o algún objeto que hubiésemos comprado.
  5. Enterrar esa caja en un lugar simbólico.
  6. Plantar un árbol o una flor en algún lugar especial para recordar la vida que nos acompañó durante un tiempo corto.
  7. Si el bebé tenía edad suficiente como para que la madre tuviera leche, extraer y donar la leche puede ofrecer a esa madre consuelo al ver la vida de su bebé producir bienestar en otro bebé a través de su leche.
  8. Encender una vela en un día que signifique algo especial y dejar que se apague sola.
  9. Señalar una estrella en el cielo y ponerle su nombre para verla cada noche en el mismo lugar.
  10. Leer un poema en su nombre o componer unos versos y recitarlos junto al mar, un río o la montaña.

Estas son solo algunas ideas. Quizás tú tengas alguna otra y quieras compartirla en el blog para ofrecer recursos a quienes transitan hoy este camino. Tu matrona también está ahí para acompañarte. Tu pérdida es importante también para ella, porque lo es para ti.

Os dejamos algunos recursos que os pueden ayudar en el camino:

Francis Postigo Mota

Matrona Atención Primaria de Murcia

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