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Lactancia sin mitos

La leche materna es la forma de alimentación normal del recién nacido. Tanto el bebé como la madre obtienen beneficios de la lactancia materna, y además de las ventajas de salud para ambos, también existen beneficios económicos, familiares y medioambientales que repercuten en la sociedad.

La Organización Mundial de la Salud, la Academia Americana de Pediatría y el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEPED) reconocen la lactancia como el derecho de toda madre y su hija o hijo y la recomiendan de forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida, y junto a otros alimentos hasta la edad de dos años o más.

A pesar de todas las recomendaciones de las sociedades científicas, el miedo a no fabricar suficiente leche ha sido el origen de consejos sin fundamento para proteger la lactancia. Muchos de estos mitos los seguimos oyendo hoy en día y preocupan a muchas madres, entorpecen el buen desarrollo de la lactancia y pueden llevar incluso al abandono.

A continuación vamos a desmitificar algunas de estas ideas.

Mitos sobre la producción de leche

  1. La mayoría de las mujeres no tienen suficiente leche

Esta es una creencia muy extendida que preocupa mucho a las mamás y que suele ser la causa de que la lactancia no tenga éxito. Más del 95 % de las madres están capacitadas para dar el pecho y no tienen ningún problema en la producción de leche. Sin embargo, vemos que en los países desarrollados, la tasa de fracasos entre las mujeres que quieren amamantar es mayor. Nuestra sociedad no confía en la lactancia materna y hemos llegado a pensar que puede llegar a ser normal no tener leche, lo cual —como hemos dicho al principio— es una creencia totalmente infundada. No obstante, el pensar en esta posibilidad hace que una mamá, responsable de la alimentación y crianza de su recién nacido, sienta miedo ante esta situación.

El éxito de la lactancia está relacionado con la información y el soporte que recibe la madre, su confianza en sí misma y la colocación frecuente y eficiente del bebé en el pecho.

  1. Hay que darle de mamar 10 minutos de cada pecho y cada 3 horas

La alimentación del bebé es a demanda frecuente, es decir, hay que ofrecerle el pecho cuando lo desee y durante todo el tiempo que quiera. No tenemos que olvidar las tres premisas de la lactancia materna a demanda: «todo el tiempo que quiera», «todas las veces que quiera» y «todas las tetas que quiera». Es mejor que el niño termine de tomar del primer pecho antes de ofrecer el segundo. Algunos niños obtienen lo que necesitan de un solo pecho y otros toman de ambos. La leche del final de la toma es rica en grasas y, por tanto, aporta mayor cantidad de calorías. Si se cambia al niño de pecho antes de que este se vacíe, el bebé solo consumirá la primera leche compuesta principalmente de agua, proteínas y lactosa, y le puede provocar insatisfacción. Además, esta es una de las causas de poco aumento de peso durante las primeras semanas. Hemos de sumarle, también, que el factor de producción de la leche materna se encuentra al final de la toma, por tanto, se debe procurar que al menos un pecho quede vacío para asegurar la producción de leche suficiente.

  1. Como mi madre no tuvo suficiente leche, yo tampoco tendré

La falta de leche no es un problema que se transmite de madres a hijas. La producción de leche tiene que ver con la frecuencia con la que se da de mamar al bebé y con la posición de este al hacerlo. No obstante, sí es importante reconocer que la presencia de otra madre que no haya vivido una buena experiencia en el entorno de una pareja lactante puede influir en la confianza de la madre.

  1. Mi pecho es pequeño, puede que no tenga suficiente leche

El tamaño de los pechos no influye en la lactancia. Su diferencia depende de la cantidad de grasa que se tenga, más que de la glándula que produce la leche. El niño va a saber adaptarse a la forma y dimensiones del pecho, y producirá la cantidad de leche que él va a precisar en cada momento.

  1. El peso semanal del bebé es la mejor forma de controlar la producción

El peso semanal es útil las primeras semanas hasta que se confirma que la lactancia está bien instaurada y que la madre reconoce las señales de hambre y saciedad del bebé. Más allá de este periodo, pesarlos todas las semanas, además de ser poco útil, hace que las madres se preocupen si no se alcanza el peso esperado. Basta con seguir las recomendaciones de las revisiones de los programas de Niño Sano de cada Comunidad.

  1. Las impresiones fuertes y los disgustos hacen que se corte la leche

Las situaciones de estrés afectan la producción de leche y puede salir con más dificultad momentáneamente. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el vínculo entre la madre y el bebé es tan fuerte que este percibe los sentimientos de la madre. Si ella está preocupada o angustiada, el niño puede notar el cambio y mostrarse molesto e irritado, lo cual suma más angustia a la madre. La solución consiste en aumentar la frecuencia de las tomas mientras se recupera la estabilidad emocional, y en pocos días se normaliza la producción de leche.

  1. Es mejor esperar a sentir el pecho lleno para amamantar

Cuanto más se vacíe el pecho, más leche se fabricará.

  1. Si sientes los pechos blandos es señal de tener poca leche

La sensación de pecho blando es poco fiable como indicador de la producción de leche. En los primeros días el pecho está muy duro y tiene poca leche. A medida que pasan los meses se fabrica más cantidad de leche y el pecho está mucho más blando. La producción depende de las tomas del bebé.

Mitos sobre la alimentación de la madre

  1. Tienes que comer más para tener más leche

La producción de leche aumenta el gasto de calorías, pero el cuerpo utiliza las reservas almacenadas durante el embarazo para fabricar leche suficiente. Una dieta saludable rica en verduras, frutas, cereales y proteínas es todo lo que una madre necesita para nutrirse y producir leche, además de respetar la sensación de hambre y saciedad.

  1. Tienes que beber más leche para fabricar más y reponer las pérdidas de calcio

La producción de leche no tiene nada que ver con la leche que se toma. En ninguna especie de mamíferos las madres toman leche de otra especie mientras amamantan.

En cuanto al calcio, se pierde masa ósea durante la lactancia, pero se recupera de forma natural a los 6-12 meses de terminarla, incluso aunque tomen poco calcio.

Es conveniente no aumentar el consumo de lácteos más allá del habitual.

  1. Tienes que tomar ciertos alimentos para aumentar la producción de leche

Ni la cerveza, ni las almendras, ni las infusiones ni otros alimentos aumentan la producción de leche.

Las madres que amamantan tienen más sed, pero forzarse a beber no aumenta la producción de leche.

  1. No puedes comer ciertos alimentos porque producen cólicos o gases al bebé

Frutas, verduras, legumbres, bebidas gaseosas, etc., la lista de alimentos proscritos que causan gases al bebé es muy larga. Si las madres tuvieran que seguir estas recomendaciones, tendrían muy complicado llevar una dieta variada.

Ningún alimento consumido provoca gas en la leche o en el niño.

Solo se debe restringir de la dieta el consumo de alcohol, tabaco y estimulantes.

  1. Evita alimentos que cambian el sabor de la leche

Alcachofas, ajo, espárragos, cebollas, etc. cambian el sabor de la leche, pero no provocan el rechazo del pecho. El bebé amamantado se habitúa sin ningún problema a alimentarse con leche de distintos sabores y posiblemente esto favorecerá que se acostumbre a la variedad de comida cuando sea más mayor.

Ángela Verdú Martínez, matrona del Centro de Salud Banyeres, Alicante


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¿Alimentos prohibidos?

Existen gran cantidad de ideas erróneas sobre el tema de la alimentación y el embarazo. Tu matrona podrá orientarte sobre lo más recomendable para ti. Mientras tanto, desde este blog, te damos unas pequeñas recomendaciones al respecto.

Los crudos, es decir, las verduras y frutas, son una fuente de vitaminas y otros nutrientes muy aconsejables para la embarazada. No obstante, durante el embarazo han consumirse lavadas concienzudamente y peladas, si corresponde, para evitar el efecto nocivo de los pesticidas. Para su correcta limpieza puedes utilizar productos como la lejía apta para uso alimentario, siguiendo las indicaciones del fabricante y aclarando posteriormente la pieza con agua. Procura no consumirlas en lugares donde no es seguro que sean tan cuidadosos como lo serías tú.

También has de tener mucho cuidado con aquellos productos que lleven leche o huevo si no están cocinados, como por ejemplo cremas y mayonesas, quesos o postres. Los lácteos son muy necesarios en esta época de la vida por su contenido en calcio y porque las proteínas de huevo son de alto valor biológico. Ambos productos, si se usan para la cocina, han de estar por lo menos pasteurizados para mayor seguridad. Las especificaciones sobre la pasteurización del producto se incluyen en la etiqueta de ingredientes. También han de estar pasteurizados los zumos naturales embotellados.

Las carnes han de estar convenientemente cocinadas, de tal manera que al cortarlas en vertical no se observen porciones crudas. Es recomendable que la embarazada, si no tiene anticuerpos contra la toxoplasmosis, consulte con su matrona para que le recomiende cómo consumir alimentos como jamón serrano, lomo y curados con seguridad.

En cuanto a los pescados, se han de preferir los pescados pequeños, tipo boquerón y sardina, en detrimento de los pescados más grandes, que suelen acumular más sustancias nocivas, como el mercurio a mayor tamaño y más años de vida.

Al respecto de las bebidas, han de ser reducidas el máximo posible el café y el té y todas aquellas bebidas que tengan cafeína, teína y demás sustancias similares (bebidas energéticas, por ejemplo); puedes consultarlo en la etiqueta de ingredientes del producto. Cuando se trata de bebidas con alcohol, debido a los daños que los estudios han demostrado que ocasiona sobre el feto, se recomienda que no exista consumo de ningún tipo.

Siempre se desaconseja la automedicación, pero especialmente en el embarazo. En gran parte de los casos, las mujeres necesitan suplementos de vitaminas y minerales, entre otros, para afrontar con salud la gestación, el parto y la crianza, pero esta ha de ser supervisada por el ginecólogo o la matrona, con el fin de que la mujer no se suplemente con nada que pueda dañar a su criatura.

Tan esencial es la correcta elección y la preparación de los alimentos que la gestante introduce en su dieta, como las precauciones básicas a la hora de manipularlos. Hay que lavar bien las manos antes de elaborar cualquier comida, haciendo especial atención a las uñas, en particular si tenemos animales o se ha estado practicando la jardinería, por ejemplo. Se debe ser tan cuidadoso con esto como con las superficies sobre las que cocinemos, especialmente si sobre ella hemos estado manejando alimentos crudos tanto de origen animal como vegetal.

Para cualquier duda al respecto, así como para un correcto asesoramiento sobre pautas de alimentación según tus necesidades, consulta a tu matrona de referencia.

Julita Fernández Arranz, matrona HGU Gregorio Marañón

http://www.aquanatal.es