Matronas y tú

El blog de la FAME


2 comentarios

El plan de parto

El plan de parto es un documento que confecciona la mujer y/o su pareja, en el cual expresa sus expectativas, deseos, necesidades y preferencias al respecto del nacimiento de su criatura. Tomar previamente algunas decisiones a este respecto permitirá a la pareja estar mucho más centrada en el proceso y vivirlo sin interferencias innecesarias, y a los profesionales les será de gran ayuda.

Las decisiones en el plan de parto pueden ser modificadas en el momento que la pareja quiera, dependiendo de los deseos actuales de ambos o de cómo se esté desarrollando el parto.

Tener suficiente tiempo para sopesar todas las posibles opciones a la hora de plantear dicha asistencia resulta de gran importancia. La mejor etapa para confeccionarlo sería entre la semana 28 y la 32.

En función del centro, será necesario que el plan de parto se mande con antelación, o bien que se hagan llegar varias copias al centro para los departamentos de atención al
usuario, el servicio de ginecología y obstetricia o para el servicio de neonatología.

Una vez hechos los trámites que el centro requiera puedes consultar con la persona que te reciba en el hospital para saber a qué profesional debes entregar el plan de parto.

Resulta de mucha ayuda que te informes, en la manera de lo posible, sobre aquellos aspectos que tienen relación con el parto y el posparto inmediato. Las clases de preparación al nacimiento, leer información fiable que hable sobre este momento, y tu matrona de referencia pueden resultar muy útiles para este fin.

La viabilidad de un plan de parto depende de muchos factores. Quizá el más importante sea el mismo desarrollo del proceso, pero también otros como las preferencias incluidas. En ningún hospital se dará aprobación a un plan de parto que recoja prácticas perjudiciales para la madre y/o la criatura.

Algunas cuestiones que pueden incluirse en el plan de parto

Si deseas o no estar acompañada y quién va a acompañarte.

Si deseas utilizar tu ropa durante el proceso o prefieres la del hospital.

Si quieres escuchar música, y si en el caso que en el hospital no hubiera infraestructura para hacerlo posible, si la puedes traer tú misma cuando ingreses (resulta muy útil haber realizado previamente una visita al centro para ver de qué elementos disponen y cuáles deberás traer).

Cómo manejar el dolor de parto: si deseas métodos de alivio no farmacológicos como la inmersión en agua o la ducha, la pelota de partos, analgesia epidural, etc.

Si tú o tu pareja queréis cortar el cordón umbilical en el momento del nacimiento.

Y muchas otras más.

A la hora de realizar el plan de parto, tu matrona de referencia puede asesorarte. Ella podrá solventar las dudas que puedan surgir.

Julita Fernández Arranz, matrona del HGU Gregorio Marañón (Madrid)

http://www.aquanatal.es

Anuncios


2 comentarios

¡Llegó el momento!

Se acerca el momento que tanto tiempo habéis estado esperando y que con tanta ilusión habéis preparado y planeado, pero os asalta la pregunta: ¿qué debo preparar para cuando llegue el momento esperado?

Antes de preparar la bolsa del bebé, hay que decidir si vas a dar a luz en un hospital público, privado o en tu domicilio, porque para cada caso necesitarás más o menos cosas. Si vas a dar a luz en tu domicilio, la información suelen proporcionarla las matronas que van a asistir en el día del parto. Si por el contrario, habéis decido ir a un centro sanitario (público o privado), la información la proporcionará la matrona de tu área, el profesional que te esté llevando el embarazo, o el personal del centro elegido.

Por norma general, si vas a dar a luz en un hospital público, se recomienda que tengas preparado lo siguiente:

Documentación:

  • Tarjeta sanitaria y cartilla maternal debidamente cumplimentada
  • Análisis y ecografías realizadas durante el embarazo e informes previos, si los hubiera

Cosas para tu bebé:

En los centros hospitalarios suelen proveer de ropa, pañales y utensilios para el aseo del bebé, material para la cura del cordón umbilical, biberones (si fuera necesario), etc. Sin embargo, puedes llevártelos de casa si te vas a sentir más cómoda:

  • Un arrullo (recomendable pero no imprescindible)
  • Calcetines o patucos y gorrito (dependiendo de la época del año)
  • Ropa para el alta hospitalaria
  • Y como algo opcional: esponjas, peine o cepillo, y toallitas limpiadoras

Cosas para ti:

El hospital suele proporcionar compresas de algodón, camisón, bata, toallas y esponja, pero esto también puedes llevarlo de casa; tú sabes tus preferencias y necesidades, así que esto solo son sugerencias:

  • Zapatillas de andar por casa y chanclas para la ducha
  • Camisón
  • Útiles para el aseo personal (jabón neutro, peine o cepillo, cepillo de dientes, dentífrico, etc.)
  • Sujetador de lactancia
  • Calcetines de algodón (dependiendo de la época del año)
  • Ropa interior (puedes utilizar braguitas desechables)
  • Compresas de algodón
  • Ropa para el alta hospitalaria
  • Abanico (sobre todo en verano)
  • Un libro, música, revistas, juegos, etc., por si la espera se alarga

Consejos:

  • Prepara la canastilla con bastante antelación
  • Elige ropa de algodón, ya que causa menos alergias
  • Lava las prendas nuevas con jabón neutro sin suavizante antes de estrenarlas para evitar irritaciones en la piel de tu bebé

Estas recomendaciones son orientativas y pueden estar sujetas a variaciones dependiendo del hospital al que acudas. Si deseas más información detallada de tu centro hospitalario, acude a tu matrona de área.


1 comentario

Cuidados inmediatos después del parto

La llegada de un bebé es uno de los momentos más bonitos y significativos en la vida de una mujer. La preparación del embarazo a menudo enfoca el parto como la etapa final, sin embargo, tras el nacimiento del bebé empieza una nueva etapa que requiere ciertos conocimientos y cuidados.

Las primeras 24 horas después del parto son el periodo de mayor riesgo de complicaciones. Por lo tanto, tras la llegada del bebé es necesario observar cuidadosa y regularmente a la recién mamá para determinar que todo evoluciona adecuadamente.

Las constantes vitales se controlan tanto en los partos normales como instrumentales, aunque en estos últimos el control es más riguroso.

A veces es necesario aplicar frío local en la zona genital para disminuir la inflamación y proporcionar alivio a la mujer, ya que se reduce el dolor producido por la episiotomía o desgarros, así como el de las hemorroides. Sin embargo, la aplicación de hielo debe hacerse de forma intermitente y no más de 24 horas, porque puede frenar la correcta cicatrización de la zona.

También es importante valorar la altura y consistencia del útero tras el parto, ya que es indicativo de una correcta contracción y protección ante sangrados. Se valoran, además, el aspecto de los loquios, su color, cantidad, olor y presencia de coágulos.

Si el parto ha sido con analgesia epidural, puede producirse pérdida de la sensación de orinar. Es necesario, por lo tanto, vigilar la evacuación de la vejiga en las primeras horas tras el alumbramiento. Si la mujer no puede orinar espontáneamente es necesaria la colocación de una sonda vesical para vaciar la vejiga.

Tras el parto, existe una tendencia hacia el estreñimiento de la mujer debido a la relajación muscular del recto, a la escasa ingesta de alimentos durante el parto y los momentos previos, o a la molestia de la zona perineal. Así que no es de esperar la evacuación espontánea antes del segundo o tercer día después del parto.

Es necesario valorar la aparición de inflamación y/o dolor en las piernas. Levantarse de la cama cuanto antes tras el parto, siempre que no exista contraindicación, disminuye el riesgo de enfermedad tromboembólica. Aunque después de un parto con anestesia epidural hay que esperarse un mínimo de tiempo antes de levantarse.

Si la recién mamá está de acuerdo en alimentar al bebé con lactancia materna, se favorece la puesta precoz al pecho aprovechando el estado de alerta del recién nacido en los primeros minutos de vida. En caso contrario, la inhibición láctea debe realizarse lo antes posible, ya que es más efectivo y produce menos molestias.

El dolor después de un parto normal puede ser ocasionado a lesiones dolorosas de la zona genital, episiotomía, desgarros o hematomas, incluso por la anestesia. No se da de forma rutinaria ningún tipo de medicación. Sin embargo, si fuera necesario se administrarían fármacos que no pasen al bebé a través de la lactancia materna.

El tiempo que pasa el recién nacido con la madre, depende del estado de los dos y de la política de los centros asistenciales. Afortunadamente, cada vez son menos los lugares donde existen los nidos y se separa a madre e hijo, ya que este hecho dificulta la vinculación afectiva entre ellos.

Las primeras 24 horas después del parto corresponden a la fase de posesión descrita por Reva Rubin, caracterizada por un comportamiento dependiente, incapacidad de elección y una necesidad de asumir la experiencia del nacimiento. La mejor forma de que una mujer aprenda a cuidar a su hijo es siendo cuidada ella misma durante las primeras 24 horas, para así poder descansar y recuperar energía física y psicológica necesaria para proporcionar cuidados al bebé.

Es importante recordar que la vinculación de la madre y el padre con el hijo se inicia desde el embarazo, aumenta al producirse el parto y se intensifica posteriormente.

La matrona puede ayudar a la pareja en las primeras interacciones, como por ejemplo colaborando con la madre la primera vez de la puesta al pecho de su hijo, ya que estas interacciones son importantes y constituyen los pilares sobre los que los que la relación familiar continúa su desarrollo.

Poco a poco, la mujer irá encontrándose menos cansada por el esfuerzo físico del parto, y gracias a las hormonas y la nueva compañía de su recién nacido, tendrán al sensación de comerse el mundo, aunque puede encontrarse también con altibajos e incluso estado de ánimo bajo; pero todo esto es normal y se vuelve a la normalidad en los días siguientes.


1 comentario

¿Cuándo debemos acudir al hospital?

Esa es una de las preguntas que más preocupan a las mujeres embarazadas, sobre todo si se trata del primer bebé. Y, en muchas ocasiones, se acude por desconocimiento, miedo, o incluso forzada por el resto de familiares. En consecuencia, son muchas las embarazadas que regresan a casa tras sufrir una exploración o una ecografía innecesarias, a veces a altas horas de la madrugada, sintiéndose cansadas, desilusionadas y algo culpables.

Principalmente, hay cinco razones por las que se acude a urgencias: contracciones, sangrado, pérdida de líquido, fiebre materna e inactividad del feto. El saber reconocerlas bien puede ayudar a evitar un paseo innecesario al hospital, con todo lo que ello conlleva.

Contracciones

Las contracciones suelen comenzar hacia el tercer trimestre de embarazo, aunque éstas no llegan a hacerse dolorosas hasta el final de la gestación. No es necesario acudir a urgencias después de sentir varias contracciones, sobre todo, en todas aquellas mujeres que vayan a tener su primer hijo, ya que normalmente tendrán durante varios días contracciones irregulares, de intensidad variable, hasta el momento en que arranque el parto. Lo que suele ocurrir en estas situaciones es que la matrona recomiende el alta a la embarazada, ya que con ese tipo de contracciones el cuello del útero no estará modificado lo suficiente, y la gestante no estará de parto.

Lo ideal es que se acuda al hospital cuando las contracciones sean cada tres minutos, durante al menos dos horas. En el caso de aquellas que ya hayáis tenido un hijo, deberéis acudir en el mismo caso, sólo que en esta ocasión cuando el intervalo sea de cinco minutos.

Sangrado

Todas aquellas embarazadas que posean una placenta previa deben acudir a urgencias ante la presencia de cualquier sangrado. Sin embargo, en aquellas que no, se recomienda observar cómo es ese sangrado; su color y su olor, antes de decidir si acudir o no al hospital. ¿Y cómo se hace? Hay que colocarse una compresa y esperar durante un pequeño periodo de tiempo. Si al cabo de ese tiempo se ha empapado (semejante a un día de menstruación abundante), y la sangre presenta un color vivo, se recomienda acudir a urgencias. Si no, tranquilas. Puede que se trate de pequeñas contracciones, y ese manchado no sea más que una demostración de que el cuello del útero se está modificando.

Pérdida de líquido

Respecto a la sospecha de pérdida de líquido, se seguiría un procedimiento similar al que se ha seguido con el sangrado. Se coloca una compresa y se comprueba si esta se empapa o no. En el caso de que sí, hay que recordar la hora en la que se rompe la bolsa y acudir al hospital. Si el líquido es claro, hay tiempo para una ducha y para preparar las cosas del bebé con relativa tranquilidad. Si es de otro color (verde o marrón) hay que acudir al hospital más rápidamente.

Fiebre materna

Es normal que la futura madre tenga la temperatura corporal algo más elevada debido al embarazo, pero si supera los 38ºC, hay que acudir a urgencias.

Inactividad del feto

Por último, está la falta de percepción de movimientos del bebé. Lo que hay que hacer en este caso es colocarse de lado izquierdo en la cama o en algún sitio cómodo, tomar algo azucarado y esperar durante al menos dos horas. Si en este periodo de tiempo no se llegan a contar diez movimientos del bebé, hay que acudir a urgencias, pero siempre intentando estar tranquilas, sin adelantaros a los acontecimientos. Los bebés también tienen periodos de sueño y descanso, y es normal que cuánto más cerca de terminar el embarazo, menos se moverán.

En cualquier caso, si sentís o reconocéis algún signo o síntoma que os mantiene intranquilas, tenga o no que ver con lo mencionado anteriormente, siempre podéis acudir a vuestra matrona del centro de salud, o bien acudir al hospital si ésta no está allí.


Deja un comentario

Intimidad y acompañamiento en el proceso del parto

Son cuarenta semanas de espera hasta ese momento tan soñado e idealizado, en el que se lucha por mantener el equilibrio y la calma, tan necesaria cuando llega el momento de acudir al lugar elegido en el que nacerá nuestro hijo/a.

Se repasa la lista de los enseres que vamos a llevar y, en muchas ocasiones, avisamos a las personas y familiares para informar de que el parto se acerca.

En ocasiones, estos llegan al lugar antes que la propia gestante.

Quizá sea este el aspecto menos pensado de todos los concernientes al embarazo y parto, pero es en el que la gestante se siente más presionada por el entorno familiar más cercano del binomio pareja.

Intimidad no es sinónimo de soledad, como tampoco lo es acompañamiento y romería. La intimidad es poder vivir de manera plena unos momentos de gran intensidad emocional, de privacidad y recogimiento de la pareja.

A diario se puede ver como llegan gestantes acompañadas por sus parejas, familiares y amistades, que no siempre apoyan y respetan la situación de inicio de parto en la que se halla la embarazada.

El hablar y el preguntar a la embarazada y a su pareja interfiere en el proceso del parto y en la intimidad que requieren estos momentos. A menudo todos cuantos rodean a la gestante tienen su opinión sobre si se está o no haciendo todo lo que hay que hacer, sugiriendo que se pruebe esto o aquello y aplicando una serie de principios tales como Es que a su hermana le hicieron la cesárea, En esta familia las mujeres no dilatan, Tenga usted cuidado que es un parto seco, etc. A veces incluso piden pruebas y exploraciones para la embarazada sin que ella misma lo sepa.

Todo este clima que rodea a la futura madre le hace salir continuamente de esa concienciación y relajación en la que la oxitocina natural juega un papel primordial. Porque cada interrupción, cada mirada inadecuada, comentario o gesto le hace salir hacia el miedo y la ansiedad, y gana la partida la adrenalina.

Deberíamos reflexionar sobre todo esto, ya que es un momento que requiere básicamente intimidad, relajación y un acompañamiento sin interferencias.

Las encuestas realizadas a usuarios revelan que la falta de intimidad y ruidos en los centros hospitalarios son algunas de las quejas más frecuentes y, en esto, también los profesionales tenemos mucho de culpa. A veces, más de lo que imaginamos, nosotros también somos ruidosos y hablamos en alto, haciendo comentarios o miradas poco afectuosas que interfieren en el sentir de la mujer en su proceso de parto. Pongamos de nuestra parte todos los que tenemos relación con este maravilloso acontecimiento —familiares, amigos y profesionales— para que las hormonas hagan su labor y fluyan.

Respetemos el inicio del parto, dejemos hacer a la naturaleza, expectantes, vigilantes, sin intervencionismos gratuitos.

¿Y que pasa después del parto? Un parto tiene un consumo de fuerzas y energías similar a una maratón y no hay que apremiar con numerosas visitas al recién nacido que, por otro lado, ha realizado el transito más importante de su vida.

Dejémosle descansar y adaptarse a su nueva situación, tiempo habrá de cogerlo, hablarle y abrazarlo. Ayudemos a la madre cuando más lo necesita: en su hogar; ofrezcámonos para bañar al bebe, hacer una comida, hacer una limpieza, etc.