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La necesidad de proteger la lactancia: el CICSLM

Sustituir la leche materna por leche artificial en la alimentación de una criatura es una pérdida incalculable por los múltiples beneficios que tiene para ella y su madre, y también es un gasto económico importante para la familia. Un envase de fórmula de inicio tiene un precio en el mercado entre 11-20 €. Si se calcula la cantidad de leche que se requeriría en periodo lactante, puede suponer una cantidad importante.

Uno de los hitos más importantes en la promoción de la lactancia materna fue la creación de un código ético para que los fabricantes de estos productos no abusaran de este potencial nicho de mercado con prácticas inadecuadas: el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de Leche Materna (CICSLM).

En el siglo pasado la disminución de las madres que amamantaban alcanzó mínimos alarmantes. Muchos factores contribuyeron a este suceso, entre ellos, las prácticas inadecuadas de las empresas comercializadoras de sucedáneos de leche materna. El daño que causaron fue especialmente dramático en países en vías de desarrollo en los que la falta de información y/o de medios —agua potable, etc.— resultaba un riesgo a sumar a la inadecuada nutrición que producían dichos productos. Voces como las de la Dra. Cecily Williams, pediatra en Ghana, y el Dr. Derrick Jelliffe alertaron sobre la situación. Artículos como «The baby food tragedy» (1975, New Internationalist) denunciaban el aumento de la morbimortalidad infantil debido al consumo de leche de fómula en vez de leche materna en condiciones poco o nada salubres.

Junto a estas y otras reacciones más surgió un interés por saber más sobre la lactancia materna, por investigar y conocer sus beneficios. En 1974 durante la 27ª Asamblea Mundial de la Salud se propuso la revisión de este tipo de prácticas. En 1979, en la Reunión Internacional sobre la Alimentación del Lactante y del Niño Pequeño, celebrada en Ginebra y Organizada por OMS y UNICEF, se creó un primer informe en el que se señalaba la importancia de la protección de la lactancia materna, especialmente en cuanto a la promoción de los sucedáneos de leche materna. Con este documento como base, en 1981 se aprobó en la Asamblea Mundial de la Salud (AMS) el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna con el voto de 118 estados miembros a favor, 1 (EE. UU.) en contra y 3 abstenciones (Argentina, Japón y Corea). Desde ese momento ha habido diversas modificaciones del documento, la última en 2005.

El CICSLM es una declaración ética que cada país desarrolla mediante leyes. IBFAN (International Baby Food Action Network ) señala en un informe realizado el año pasado que 39 países han legislado de manera completa el código y 135 tienen alguna medida legal al respecto. En España se desarrolla legalmente mediante el Real Decreto 867/2008 de 23 de mayo, con el cual se aprueba la reglamentación técnico-sanitaria específica de los preparados para lactantes y de los preparados de continuación.

Si quieres conocer más sobre este tema, pregunta a tu matrona de referencia.

Julita Fernández Arranz, comadrona en el HGU Gregorio Marañón

http://www.aquanatal.es


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Amamantando en posición reclinada

En la mayoría de folletos destinados a madres puedes encontrar las posiciones clásicas en las cuales puedes amamantar: en cuna, tumbada en la cama de lado, a caballito, etc. Sin embargo, es posible que nadie te haya hablado de la posición de crianza biológica. Este concepto fue introducidos por Suzanne Colson, una matrona que escribió su tesis doctoral sobre las posiciones óptimas para desencadenar reflejos neonatales primitivos que estimulan el amamantamiento. Esta posición es la que utilizan para mamar las crías de primates y posibilita que, al igual que ellos, la criatura ponga en marcha sus recursos innatos para alcanzar el pecho. Con dicha posición no sólo se consigue un el enganche espontáneo del bebé, sino también una buena transferencia de leche, incluso en muchos bebés con dificultades previas para el amamantamiento.

Las madres que utilizan esta posición también tienen menor incidencia de problemas, con lo que podrán disfrutar de una lactancia más satisfactoria.

¿En qué consiste?

Colócate boca arriba, semiincorporada, aproximadamente entre más de 15 y menos de 64 grados. Tu espalda ha de estar cómodamente apoyada y tu pelvis relajada, en la que el apoyo fundamental no está en los isquiones sino en el sacro y en la parte posterior de los iliacos, los dos huesos que conectan con el sacro lateralmente. No hay tensión al mantener esta posición, y el cuello, la cabeza y los hombros también estarán relajados. Descúbrete el pecho y desnuda a la criatura también, colocándolo sobre tu tórax entre ambos senos, piel con piel, boca abajo. Ha de estar estable con el tronco y las piernas apoyadas en ti, al igual que la mejilla. Hecho esto, es el momento de tener paciencia y esperar.

¿Cómo reacciona la criatura?

En condiciones normales, en esta posición se dirigirá a uno de los pechos. Le verás cabecear e impulsarse con las piernas hacia el pezón reptando y trepando, guiado por sus instintos y por sus sentidos (fundamentalmente el olfato y el tacto). Algunos se demoran en el trayecto hasta el pecho hasta una hora las primeras veces, conforme vayan aprendiendo serán cada vez más eficaces. Al llegar al pezón, la criatura abrirá la boca y tomará el pezón y una buena porción de areola y comenzará a mamar.

¿He de sujetarle o ayudarle a que encuentre el pecho?

No es necesario, tan solo cuida de que no se desequilibre en su ascenso, sobre todo si está muy cerca de tu costado. Aprovecha para disfrutar este momento y sorprenderte con las capacidades innatas del ser al que acabas de dar a luz.

¿A partir de cuándo es favorable utilizar esta posición?

Desde el primer momento después del parto. Esta posición es especialmente útil en este momento. Tras el nacimiento, se procura que madre y criatura permanezcan piel con piel, ya que tiene grandes beneficios para ambos. Esta posición es ideal; el contacto entre ellos es máximo.

¿Y en una cesárea?

Resulta una posición ideal, ya que la madre está relajada y la criatura no apoya su pecho en el abdomen, sino fundamentalmente en el tórax. Si temes que te golpee la herida, puedes colocarte una pequeña almohada sobre ella.

¿Y si tengo dudas?

Consulta a tu matrona, quien podrá asesorarte adecuadamente sobre este y otros temas relacionados con tu crianza.

Julita Fernández Arranz, matrona del HGU Gregorio Marañón

http://www.aquanatal.es

 

Nota: imagen de La Leche League International

 


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Lactancia sin mitos

La leche materna es la forma de alimentación normal del recién nacido. Tanto el bebé como la madre obtienen beneficios de la lactancia materna, y además de las ventajas de salud para ambos, también existen beneficios económicos, familiares y medioambientales que repercuten en la sociedad.

La Organización Mundial de la Salud, la Academia Americana de Pediatría y el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEPED) reconocen la lactancia como el derecho de toda madre y su hija o hijo y la recomiendan de forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida, y junto a otros alimentos hasta la edad de dos años o más.

A pesar de todas las recomendaciones de las sociedades científicas, el miedo a no fabricar suficiente leche ha sido el origen de consejos sin fundamento para proteger la lactancia. Muchos de estos mitos los seguimos oyendo hoy en día y preocupan a muchas madres, entorpecen el buen desarrollo de la lactancia y pueden llevar incluso al abandono.

A continuación vamos a desmitificar algunas de estas ideas.

Mitos sobre la producción de leche

  1. La mayoría de las mujeres no tienen suficiente leche

Esta es una creencia muy extendida que preocupa mucho a las mamás y que suele ser la causa de que la lactancia no tenga éxito. Más del 95 % de las madres están capacitadas para dar el pecho y no tienen ningún problema en la producción de leche. Sin embargo, vemos que en los países desarrollados, la tasa de fracasos entre las mujeres que quieren amamantar es mayor. Nuestra sociedad no confía en la lactancia materna y hemos llegado a pensar que puede llegar a ser normal no tener leche, lo cual —como hemos dicho al principio— es una creencia totalmente infundada. No obstante, el pensar en esta posibilidad hace que una mamá, responsable de la alimentación y crianza de su recién nacido, sienta miedo ante esta situación.

El éxito de la lactancia está relacionado con la información y el soporte que recibe la madre, su confianza en sí misma y la colocación frecuente y eficiente del bebé en el pecho.

  1. Hay que darle de mamar 10 minutos de cada pecho y cada 3 horas

La alimentación del bebé es a demanda frecuente, es decir, hay que ofrecerle el pecho cuando lo desee y durante todo el tiempo que quiera. No tenemos que olvidar las tres premisas de la lactancia materna a demanda: «todo el tiempo que quiera», «todas las veces que quiera» y «todas las tetas que quiera». Es mejor que el niño termine de tomar del primer pecho antes de ofrecer el segundo. Algunos niños obtienen lo que necesitan de un solo pecho y otros toman de ambos. La leche del final de la toma es rica en grasas y, por tanto, aporta mayor cantidad de calorías. Si se cambia al niño de pecho antes de que este se vacíe, el bebé solo consumirá la primera leche compuesta principalmente de agua, proteínas y lactosa, y le puede provocar insatisfacción. Además, esta es una de las causas de poco aumento de peso durante las primeras semanas. Hemos de sumarle, también, que el factor de producción de la leche materna se encuentra al final de la toma, por tanto, se debe procurar que al menos un pecho quede vacío para asegurar la producción de leche suficiente.

  1. Como mi madre no tuvo suficiente leche, yo tampoco tendré

La falta de leche no es un problema que se transmite de madres a hijas. La producción de leche tiene que ver con la frecuencia con la que se da de mamar al bebé y con la posición de este al hacerlo. No obstante, sí es importante reconocer que la presencia de otra madre que no haya vivido una buena experiencia en el entorno de una pareja lactante puede influir en la confianza de la madre.

  1. Mi pecho es pequeño, puede que no tenga suficiente leche

El tamaño de los pechos no influye en la lactancia. Su diferencia depende de la cantidad de grasa que se tenga, más que de la glándula que produce la leche. El niño va a saber adaptarse a la forma y dimensiones del pecho, y producirá la cantidad de leche que él va a precisar en cada momento.

  1. El peso semanal del bebé es la mejor forma de controlar la producción

El peso semanal es útil las primeras semanas hasta que se confirma que la lactancia está bien instaurada y que la madre reconoce las señales de hambre y saciedad del bebé. Más allá de este periodo, pesarlos todas las semanas, además de ser poco útil, hace que las madres se preocupen si no se alcanza el peso esperado. Basta con seguir las recomendaciones de las revisiones de los programas de Niño Sano de cada Comunidad.

  1. Las impresiones fuertes y los disgustos hacen que se corte la leche

Las situaciones de estrés afectan la producción de leche y puede salir con más dificultad momentáneamente. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el vínculo entre la madre y el bebé es tan fuerte que este percibe los sentimientos de la madre. Si ella está preocupada o angustiada, el niño puede notar el cambio y mostrarse molesto e irritado, lo cual suma más angustia a la madre. La solución consiste en aumentar la frecuencia de las tomas mientras se recupera la estabilidad emocional, y en pocos días se normaliza la producción de leche.

  1. Es mejor esperar a sentir el pecho lleno para amamantar

Cuanto más se vacíe el pecho, más leche se fabricará.

  1. Si sientes los pechos blandos es señal de tener poca leche

La sensación de pecho blando es poco fiable como indicador de la producción de leche. En los primeros días el pecho está muy duro y tiene poca leche. A medida que pasan los meses se fabrica más cantidad de leche y el pecho está mucho más blando. La producción depende de las tomas del bebé.

Mitos sobre la alimentación de la madre

  1. Tienes que comer más para tener más leche

La producción de leche aumenta el gasto de calorías, pero el cuerpo utiliza las reservas almacenadas durante el embarazo para fabricar leche suficiente. Una dieta saludable rica en verduras, frutas, cereales y proteínas es todo lo que una madre necesita para nutrirse y producir leche, además de respetar la sensación de hambre y saciedad.

  1. Tienes que beber más leche para fabricar más y reponer las pérdidas de calcio

La producción de leche no tiene nada que ver con la leche que se toma. En ninguna especie de mamíferos las madres toman leche de otra especie mientras amamantan.

En cuanto al calcio, se pierde masa ósea durante la lactancia, pero se recupera de forma natural a los 6-12 meses de terminarla, incluso aunque tomen poco calcio.

Es conveniente no aumentar el consumo de lácteos más allá del habitual.

  1. Tienes que tomar ciertos alimentos para aumentar la producción de leche

Ni la cerveza, ni las almendras, ni las infusiones ni otros alimentos aumentan la producción de leche.

Las madres que amamantan tienen más sed, pero forzarse a beber no aumenta la producción de leche.

  1. No puedes comer ciertos alimentos porque producen cólicos o gases al bebé

Frutas, verduras, legumbres, bebidas gaseosas, etc., la lista de alimentos proscritos que causan gases al bebé es muy larga. Si las madres tuvieran que seguir estas recomendaciones, tendrían muy complicado llevar una dieta variada.

Ningún alimento consumido provoca gas en la leche o en el niño.

Solo se debe restringir de la dieta el consumo de alcohol, tabaco y estimulantes.

  1. Evita alimentos que cambian el sabor de la leche

Alcachofas, ajo, espárragos, cebollas, etc. cambian el sabor de la leche, pero no provocan el rechazo del pecho. El bebé amamantado se habitúa sin ningún problema a alimentarse con leche de distintos sabores y posiblemente esto favorecerá que se acostumbre a la variedad de comida cuando sea más mayor.

Ángela Verdú Martínez, matrona del Centro de Salud Banyeres, Alicante


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Lactancia prolongada: ¿vicio o beneficio?

Ver a un bebé en brazos de su madre tomando el pecho es una imagen que provoca ternura; algo que se ve natural incluso entre aquellos que no lo elegirían como su propia opción. Biológicamente, estamos preparadas para iniciar la lactancia nada más nacer nuestros bebés; es una maquinaria con un engranaje complejo, pero a la vez tan bien sincronizado, que puede llegar a parecer mágico. Igual que todo lo que rodea al mismo milagro de la concepción y el nacimiento; todo como parte de un todo más grande, más completo.

Pero, ¿cuándo caduca la lactancia?

La OMS, las asociaciones pediátricas, incluida la Asociación Española de Pediatría, Unicef y otros organismos relevantes en materia de salud recomiendan la lactancia exclusiva los primeros 6 meses de vida y con alimentación complementaria hasta los dos años o más.

Pero esto a veces sólo se legitima sobre el papel. Para una madre que amamanta a una criatura que sobrepasa el año, no es extraño encontrarse con miradas de crítica y reprobación, con comentarios del tipo “si eso ya no le alimenta, ¡es vicio!” y con recomendaciones de abandonar la lactancia atribuyéndole cualquier mal que aqueje a la madre. La lactancia prolongada se convierte así en una carrera de obstáculos para la madre y para el niño, al que a veces ridiculizan por hacerlo.

En las culturas en las que no hay presión social, el destete se produce entre los 2 y los 7 años de edad. En las sociedades modernas y consumistas, en cambio, hemos dejado de ver a las madres amamantar. Los pechos llevan mucho tiempo en el sector publicitario vendiendo motos, colonias o vestidos con los que conseguir el éxito y en esa nebulosa han perdido su función original. Además, la industria de sucedáneos nos ha hecho creer que amamantar es igual a alimentar.

La ciencia ha demostrado que ambas industrias se han equivocado: como alimento es insustituible e inimitable. Aun cuando el niño come alimentos sólidos, la leche materna es una fuente importantísima de defensas y nutrición que aporta ácidos grasos esenciales, calcio y vitaminas A, C, B12 y acido fólico. Las criaturas amamantadas más allá del año sufren menos enfermedades, menos alergias, menos desórdenes de conducta y tienen mayor cociente intelectual. Además, la lactancia prolongada tiene beneficios para la madre, ya que reduce el riesgo de cáncer de mama, cáncer de ovario y de endometrio, y reduce la aparición de osteoporosis y de anemia. Pero lo más importante es que amamantar es mucho más que alimentar el cuerpo y ofrecer calorías; es una unión que prolonga el vínculo madre-hijo/a, una forma de comunicación, una fuente de satisfacción para ambos y una forma natural de analgesia mejor que cualquier fármaco. La lactancia es, por encima de todo, una opción personal sin efectos secundarios nocivos, una relación sin código de barras ni fecha de caducidad.

Las matronas son los profesionales con formación y competencias apropiadas para acompañar a las familias en su lactancia, sea cual sea la duración de esta. Nuestra labor no acaba cuando superamos las dificultades del inicio; estamos ahí para acompañar a la mujer y a su criatura en el camino y en los baches del mismo, para darles información adecuada en cada etapa, para facilitar grupos de apoyo en los que intercambiar experiencias y recursos. Nuestra voz es esencial cuando se trata de validar la decisión de una madre, y es un privilegio poder hacerlo, además, a la luz de la evidencia científica que lo respalda.

¿Hasta cuando amamantar?

Hasta que tú y tu bebé queráis, porque la lactancia materna no es un vicio, sino un derecho plagado de beneficios.